Accidente sí, pero ¿laboral o no?

A día de hoy, nadie se cuestiona el hecho de que el accidente de trabajo es el resultado de una interacción de varios factores, de la conjunción de las condiciones de trabajo con la propia conducta de las personas. Es por ello que a lo largo del tiempo han surgido diversas teorías explicativas acerca del motivo principal de los mismos, entre las que se aduce la falta de especialización, conocimientos o incluso despiste del trabajador o la precariedad de los medios de prevención laboral facilitados por el empresario. Pese a ello, hay algo que no da lugar a dudas: si acaece un accidente, es porque existe riesgo, por muy mínimo que este sea.

           El concepto de accidente de trabajo que manejamos a día de hoy es prácticamente idéntico al que se empleó en 1900, con la promulgación de la Ley de seguridad del trabajo, que creó un mecanismo de responsabilidad de carácter objetivo, esto es, independiente de la culpa o negligencia del tercero.

            El artículo que define el accidente de trabajo, el 156 del Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social, tiene una estructura singular: realiza una conceptualización genérica, califica expresamente varias situaciones que serán consideradas como accidente de trabajo, señala los elementos de exclusión, clarifica situaciones y finalmente, el precepto se cierra con un mecanismo de presunción.

            Se entiende por accidente de trabajo toda lesión corporal que el trabajador sufra por consecuencia u ocasión del trabajo que ejecuta por cuenta ajena.

            Desde sus orígenes , el accidente laboral hace referencia al trabajo por cuenta ajena, lo cual no quiere decir que los trabajadores por cuenta propia no gocen de protección. Al contrario, los “autónomos” puede cotizar por esta contingencia, destacando que los conocidos como trade (trabajadores autónomos económicamente dependientes) cotizarán obligatoriamente por contingencias profesionales.

            De la lectura del artículo 156 TRLGSS podemos destacar una serie de elementos que configuran el concepto:

  • Existencia de lesión corporal: el legislador pensó en un acto súbito y violento producido por un agente externo que menoscababa la salud del trabajador de forma instantánea. Hoy en día, el concepto de lesión es omnicomprensivo de cualquier alteración de la salud, ya sea física, psíquica o psicosomática (un corte, infarto, derrame cerebral, lumbalgia, depresión,…).
  • Trabajo por cuenta ajena: Esa lesión tiene que ser padecida por un trabajador por cuenta ajena en la prestación de sus servicios. De ahí que muchos problemas que se barajen en la calificación de un accidente como de trabajo derivan de la previa calificación jurídica de la relación.
  • Nexo causal entre la lesión y el trabajo: Este tiene que existir siempre, aunque debemos destacar que no se exige que sea necesariamente una relación causa-efecto (“por consecuencia”, dice la norma), sino que también es posible que se produzca de manera indirecta (“con ocasión” del trabajo), que parece que lo que viene a prescribir es que estemos ante un nexo causal suficiente, esto es, que aquellas lesiones que se produzcan tengan como justificación, si bien remota, el trabajo. Un ejemplo de acto íntimamente ligado con la relación laboral que provoca un accidente de trabajo es el accidente in itinere.

            Si seguimos analizando el artículo, caemos en la cuenta de que el legislador ha decidido que determinadas situaciones fuesen protegidas como accidente de trabajo, a saber:

  • Accidente in itinere: Este es el caso más importante por su impacto cuantitativo. Se refiere a aquellas alteraciones de la salud que sufre el trabajador al ir o volver del trabajo. Esta definición se queda corta a la hora de estipular qué situaciones quedan protegidas, por lo que las condiciones que tienen que concurrir se han ido precisando a lo largo del tiempo a través de la jurisprudencia, sin embargo, no se tratan de requisitos, sino más bien de elementos a los que atenerse en orden a clarificar los diferentes supuestos.

                       Elemento teleológico: el fin principal y directo por el cual se ha hecho ese viaje tiene que estar determinado por la prestación del trabajo. Se cumplirá este criterio en la medida en que el sujeto se esté transportando hacia su lugar de trabajo desde su domicilio, o viceversa. El domicilio del trabajador ha de ser el habitual, aunque no sólo el legal sino también el real o incluso el familiar o el de vacaciones, puesto que lo trascendente es que el desplazamiento sea por motivos de trabajo.

                       Elemento geográfico: tal accidente tiene que producirse en el trayecto habitual y adecuado, que no tiene por qué ser siempre el mismo ni tampoco el más corto, pudiendo elegirlo libremente el empleado atendiendo a las circunstancias que se presenten en cada momento. Esto es, puede ser que el trabajador se desvíe porque están realizando obras en la calzada y no pueda continuar por la carretera que suele emplear para ir o volver a casa.Sin título

                       Elemento cronológico: el accidente de trabajo in itinere será considerado así siempre y cuando haya transcurrido un tiempo prudencial, el que normalmente se invierte en el trayecto y que ese tiempo no se vea alterado por desviaciones ajenas al mismo, lo cual podría romper el nexo causal. Un ejemplo de ello podría ser este: un trabajador acaba su jornada y en el trayecto de vuelta a casa para a tomarse un café con sus amigos durante una hora. A la salida de la cafetería, al cruzar la carretera, le atropellan. Podríamos afirmar que el nexo causal ha quedado roto, pero la jurisprudencia en supuestos semejantes al relatado, dependiendo del tiempo que duró el descanso, se muestra vacilante en sus pronunciamientos.

                       Elemento de la idoneidad de los medios: que el medio de transporte empleado sea razonable, que no sean medios que pongan en peligro su vida o integridad física.

  • Los que sufra el trabajador con ocasión o como consecuencia del desempeño de cargos electivos de carácter sindical, así como los ocurridos al ir o al volver del lugar en que se ejerciten las funciones propias de dichos cargos, por lo que también se protege el accidente in itinere de los que ocupen cargos sindicales.
  • Desarrollo de tareas diferentes de las de su grupo profesional: El accidente acaece cuando el trabajador se encuentra desarrollando funciones que no son propias de su cargo habitual en virtud del poder empresarial de dirección. También se extiende a los supuestos en los que se realizan tareas distintas por decisión espontánea de trabajador, en interés del funcionamiento de la empresa. Guarda especial relevancia el accidente en misión, o dicho de otro modo, los viajes de servicio ordenados por la empresa, en los que se amplía la presunción de laboralidad a todo el tiempo en que el trabajador permanece desplazado, si bien en los últimos años los tribunales han ido entendiendo que no todo lo que sucede durante la misión tiene una conexión necesaria con el trabajo, cuando ni es propiamente desplazamiento, ni tampoco realización de la actividad laboral.
  • Los acaecidos en actos de salvamento o naturaleza análoga: La inmensa mayoría de trabajadores, no tienen como función prestar socorro, pero supone un mínimo de comportamiento cívico que así se haga, por lo que también quedan comprendidas las lesiones que como consecuencia de ello tengan lugar en los supuestos de accidente de trabajo.
  • Las llamadas “enfermedades del trabajo”: Se tratan de enfermedades que se contraigan con causa exclusiva del trabajo y que no tengan las consideración de enfermedades profesionales, a las que alude el artículo 157 TRLGSS y que aparecen recogidas en las listas contenidas en el RD 1229/2006.
  • Enfermedades o defectos padecidos con anterioridad por el trabajador que se agraven como consecuencia de la lesión constitutiva del accidente.
  • Las consecuencias del accidente que resulten modificadas en su naturaleza, duración, gravedad o terminación, por enfermedades intercurrentes, que constituyan complicaciones derivadas del proceso patológico determinado por el accidente mismo o tengan su origen en afecciones adquiridas en el nuevo medio en que se haya situado el paciente para su curación. En todo caso, se deben probar las complicaciones patológicas y las afecciones adquiridas por el nuevo medio.

            Hay dos causas que, si bien en un primer momento podríamos pensar que romperían el nexo causal, no es así, sino que no impiden la calificación y son:

           Por un lado, la imprudencia profesional, que es aquella que se deriva del ejercicio habitual de un trabajo y de la confianza que la realización constante del mismo inspira. No podemos perder de vista que, como veremos a continuación, sólo no impide la calificación de accidente como de trabajo la imprudencia profesional, pero no así la temeraria, y es precisamente en los supuestos limítrofes donde la conflictividad se hace patente.

            Por otro lado, nos encontramos con el conjunto de relaciones personales que el trabajador tiene en la prestación de su actividad, tanto con su empresario, con los mandos intermedios, con sus compañeros de trabajo, como con terceros. Y el comportamiento de éstos, que puede ser doloso o culposo, que tendrá, en su caso, su propia responsabilidad civil o penal, no exime de la calificación de accidente como de trabajo.

            Lo que puede ocurrir es que el lugar de trabajo sea el espacio anecdótico, el espacio casual donde se cristaliza el accidente, pero que la causa motivadora del mismo sea ajena al mismo. Si tal conexión con el trabajo no existe, esos lugares se convierten en accidentales y no estaríamos ante accidente laboral. Sin embargo, a propósito de esto, podemos decir que los órganos jurisdiccionales han sido tolerantes a la hora de calificar los accidentes de trabajo cuando ha habido lesiones entre compañeros, ya que han tomado en consideración datos como que son muchas horas de convivencia o que las relaciones humanas son complejas, dando lugar a roces que no necesariamente traen causa del trabajo aunque de alguna forma éste era la ocasión de los mismos, de manera que caían bajo el “paragüas” de protección.

            Sin embargo, sí hay ciertas factores que rompen ese nexo causal:

            En primer lugar, los debidos a fuerza mayor extraña al trabajo, no considerándose como tal ni el rayo, ni la insolación, ni fenómenos análogos de la naturaleza. Y en segundo, los debidos a dolo o imprudencia temeraria del trabajador accidentado, es decir, conductas en las que el trabajador en la práctica de su actividad no tiene ningún elemento de autoprotección, reserva a la situación de riesgo, sino lo contrario, la desafía. En relación con el dolo, la jurisprudencia conecta este elemento de exclusión con el acontecimiento del suicidio del trabajador en su puesto de trabajo, determinando que no se considera esa circunstancia accidente de trabajo si se prueba la voluntad de quitarse la vida por parte del suicida.

            En orden a facilitar la calificación, el legislador creyó conveniente instaurar un mecanismo en aras a la protección de los trabajadores, presumiéndose iuris tantum que son constitutivas de accidente de trabajo, las lesiones que sufra el trabajador durante el tiempo y en el lugar de trabajo. Lo decisivo es determinar qué se entiende por tiempo y espacio de trabajo a lo cual podríamos responder que significa jornada, estando incluidas también la horas extraordinarias.      

            A modo de conclusión, señalar que la importancia de que un accidente se califique como laboral o no, es vital, dado que la protección a la que se tiene derecho varía sustancialmente. Es por ello que, cuando un empleado no esté de acuerdo con ésta, puede presentar la correspondiente reclamación ante el Instituto Nacional de la Seguridad Social.

Andrea García González

Colaboradora Permanente en Derecho & Perspectiva


Fuentes:

             Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley General de la Seguridad Social.

            Manual básico de Seguridad Social. GARCÍA NINET, GARCÍA VIÑA, VICENTE PALACIO. Editorial Atelier.       

            Sentencia de la Sala 4º, de 16 de septiembre de 2013, del Tribunal Supremo.

            Sentencia de la Sala 4º, de 26 de diciembre de 2013, del Tribunal Supremo.

            http://www.elderecho.com/tribuna/laboral/Accidente_en_mision_11_697180001.html

 Imagen:

           Photobay (https://pixabay.com/es/brazos-cortados-la-muerte-vehicular-1785022/)

 

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