De la posesión en el Código Civil: breves notas a propósito del art. 430 Cc

El término “possesio”, figura de sustantiva significación dentro de los Derechos Reales, por cuanto su configuración ha no sido objeto sino de continua evolución, ha contribuido a que no pueda ser presentado como un concepto inequívoco y uniforme, permaneciendo abierto un debate que no ha cesado tras la oportunidad ofrecida al legislador a propósito de la redacción del artículo 430 del Código Civil.

En este sentido, la primera alusión a esta figura jurídica en nuestro Código, se recoge en su artículo 430 C.c., que reza del siguiente tenor: “posesión natural es la tenencia de una cosa o el disfrute de un derecho por una persona”. Para a continuación lejos de ofrecer una definición ex novo de posesión civil, tratar de categorizarla mediante su confrontación a la posesión natural, en tanto “posesión civil es esa misma tenencia o disfrute unidos a la intención de haber de la cosa o derecho como suyos”.

Del tenor del artículo 430 C.c. no se desprende sino una vaga delimitación de la posesión, que lejos concretar tal concepto, ofrece una definición denostada por su imprecisión, partiendo de la contraposición de dos categorías, “posesión natural” y “posesión civil”.

Como vemos, “la intención de haber la cosa o derecho como suyos” resulta el animus distintivo que permite adjetivar a la posesión de civil frente a la natural, y que le dota de una serie de efectos que, se presumen mayores, toda vez que cabe matizar, atendiendo a su orden de protección, no parece presentar consecuencias tal distinción de posesión más allá de su nomen, en tanto per se del hecho mismo de la posesión se desprende la legitimación del poseedor para promover interdictos defensores. Por ende, de acuerdo con el contenido de dicho precepto, la posesión natural sólo requiere la tenencia de la cosa, el corpus, mientras que la posesión civil, prima facie, exige además un animus.

Lo cierto es que la controversia no es otra que la que suscita la interpretación de tal expresión jurídica indeterminada, concretándose a la postre en el alcance de la intencionalidad requerida.

Así, parte de la doctrina entiende que por tal intención para con la cosa o derecho de “haber como suyos”, no puede sino desprenderse un “animus possidendi”, una aprehensión de la cosa tildada con una voluntad posesoria, que desplazaría a la posesión natural a la mera detentación, por tratarse este animus de un elemento inescindible de tal situación.

Sin embargo, no son pocas las voces que pretenden equiparar tal voluntad con una intención inequívoca de dominio, con un “animus domini”, con la voluntad de tenencia de la cosa como dominum.

Lo anterior no conduce sino a evidenciar una dicotomía reflejada en el artículo 340, del que se desprende, de una parte, una posesión en concepto de tenedor, y de otra, en concepto de dueño.

En tanto, resulta inexacto afirmar que de la posesión civil no se puedan desprender consecuencias jurídicas. En este sentido, la posesión civil encuentra la protección general ofrecida a “todo poseedor”, reconocida en el artículo 446 del Código, pese a que sus efectos se limiten a garantizar la mera restitución de dicha posesión.

Lo cual no impide que de la presente distinción no se deriven sino consecuencias jurídicas divergentes para con la adquisición del dominio por prescripción adquisitiva o usucapión. Así, la posesión en concepto de dueño servirá de fundamento para la adquisición de la propiedad o del derecho que fuere alegado como base de la posesión, por intermediación del artículo 447 del Código Civil. Por consiguiente, la mera tenencia de la cosa sin ánimo de dominio sobre la misma – posesión natural – , no contribuye al cómputo del plazo para usucapir.

De cuanto antecede no podemos sino predicar la ausencia de consecuencia alguna derivada de la distinción entre la posesión natural y civil, por lo menos, atendiendo al orden de su protección. Contrario sensu, esta distinción si presenta consecuencias en lo que a la adquisición del dominio por prescripción adquisitiva se refiere.

En efecto, lo único cierto es que exclusivamente puede ser adjetivada de idónea para usucapir aquella posesión en concepto de dueño. Llegados a este punto, acudimos al artículo 432 del mismo código, en tanto enunciativo de los modos de poseer: “en concepto de dueño, o en el de tenedor de la cosa o derecho para conservarlos o disfrutarlos”, para darnos cuenta de que, lejos de arrojar luz a la problemática conceptual, la alimenta; no pudiendo aclarar si el contenido de dicho artículo es consecuencia del criterio de la intencionalidad que maneja el 430.

A la postre, podemos concluir, el artículo 430 C.c., no ofrece una redacción que delimite de manera inequívoca un concepto tan sustantivo como es el de posesión.

Firmado por: Luis Ernesto Guerrero

Colaborador Permanente en Derecho & Perspectiva


Fuentes: 

  • Real Decreto de 24 de julio de 1889 por el que se publica el Código Civil.
  • ALBADALEJO GARCÍA, M. Concepto, estructura y clase de posesión. Revista de Derecho Privado. 1962.
  • COCA PAYERAS, M. Comentario a los artículos 430 a 455 del Código Civil, en Comentarios del Código Civil, Ministerio de Justicia, Tomo I, 1991.
  • FERNÁNDEZ DOMINGO, J.I.  La mera tolerancia. Reus, 2014. 
  • RUÍS-RICO RUÍZ-MORÓN, J. Curso de Derecho Civil III. Derechos Reales y Registral Inmobiliario, 2012.

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