¿Es posible aplicar a los jugadores de e-sports el régimen especial de los deportistas profesionales?

Los e-sports, los juegos de moda. Cada vez, son más las personas que practican este tipo de juegos, por esta razón, desde hace un tiempo, se vienen tratando distintos temas referentes a los mismos, uno de ellos el régimen jurídico profesional aplicable a los jugadores de e-sports. Al existir un vacío legal, en este artículo intentamos adaptar a este tipo de jugadores, el régimen especial para deportistas profesionales del RD 1006/1985 comparándolo con el régimen laboral común.

Todo nos lleva a pensar que ésta es una auténtica relación laboral. ¿Por qué? Porque presenta todos los signos distintivos de la misma. Recordemos que el concepto de contrato de trabajo corresponde a la prestación de un servicio por cuenta ajena, bajo la dirección del empleador, recibiendo a cambio una remuneración, producto del acuerdo de voluntades de ambas partes.  Ahora, las características propias de la relación laboral, recogidas en el art. 1.1 del Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el Texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores (en adelante, ET) son: voluntariedad, ajeneidad, dependencia, regularidad y remuneración.

Nuestros jugadores, habitualmente, son contratados por un club, con la finalidad de competir en torneos en distintas modalidades, bien individuales, bien colectivas, para conseguir títulos. Pero, ¿qué régimen jurídico podemos aplicarles?  El régimen de los trabajadores comunes o uno de los regímenes especiales del art. 2 ET, como es el régimen de los deportistas profesionales.

Para responder al interrogante, empecemos por las características propias de la relación laboral, en lo referente a estas personas, que en principio, llamaremos jugadores, para luego referirnos a los distintos regímenes especiales que se les pueden aplicar.

La voluntariedad es expresada en la motivación y el querer jugar e-sports, dentro de un equipo.

La ajeneidad queda reflejada en tres aspectos fundamentales: el primero, consistente en que el jugador  continuará recibiendo su remuneración independientemente de los resultados del club, además, es el club el que tiene la licencia para competir; el segundo, que el club le suministra todo el material técnico y físico al jugador, esto es, entrenadores, preparadores y técnicos, junto con ordenadores, teclados, ratones etc; tercero y, último, punto que se torna bastante importante, los premios obtenidos en las competiciones pertenecen al club.

La dependencia se manifiesta en la dirección del equipo, por parte del club, el jugador es, por tanto, dirigido por otro. Además, debe acatar las órdenes e instrucciones de los técnicos y de los preparadores, instrucciones que referidas a temas tales como: lugar, forma y horario del entrenamiento y alimentación, sometiéndose así, al régimen disciplinario del club.  Es importante resaltar en este punto que, en muchos casos, los jugadores están concentrados y viven en una especie de cantera o academia, llamada gaming house.

La regularidad, en principio, se manifiesta en las competiciones, en las que participan y no solo en ellas, sino también en las horas dedicadas a los entrenamientos, bajo la dirección técnica del club.

Finalmente, la remuneración. Los jugadores reciben dinero, por ser parte de un equipo y competir en los diferentes torneos. En su momento, se habló de que estas cantidades correspondían exclusivamente a derechos de imagen. Ahora bien, en la actualidad, es claro que, dentro de la cantidad que reciben los jugadores, se incluyen derechos de imagen, pero también parte de remuneración, derivada de la propia contratación por parte de un club.

Después de analizar los signos distintivos de una relación laboral, podemos afirmar que la relación jurídica entre un club de e-sports y un jugador es de carácter laboral, en cuanto a que cumple con las características propias del contrato laboral. Ahora, es posible encontrar contratos atípicos cuya denominación no sea la adecuada. Apelando al principio del Derecho laboral de primacía de la realidad, que reza que la realidad prima a la forma, diremos que nos encontramos frente a una autentica relación laboral.

A continuación, pasamos a analizar la posible adecuación de este tipo de jugadores, a la relación laboral especial de deportista profesional comparada con el régimen laboral común.

Si observamos al jugador de e-sports desde la perspectiva de deportista profesional, deberíamos aplicar el Real Decreto 1006/1985, 26 de junio, por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales (en adelante, RD 1006/1985).  Esta regulación se adapta en muchas cuestiones a lo que es realmente un jugador de esta clase, pero al mismo tiempo plantea ciertos interrogantes.

Según el art. 1.2 RD 1006/1985, este precepto se aplica a quienes se dediquen voluntariamente a la práctica del deporte, por cuenta de un club o entidad deportiva, a cambio de una retribución.

La primera objeción surge en relación a la práctica del deporte, en cuanto que los e-sports aún no son considerados deporte. Partiendo de esta base, podríamos excluirles de la aplicación de este precepto.

La segunda dificultad surge en el momento en que el precepto nos dice “por cuenta de un club o entidad deportiva”. Por un lado, podríamos entender que el artículo se aplica a los que están contratados en un club, el cual tiene otros equipos de otras modalidades deportivas, pongamos por caso el Valencia F.C. Pero, ¿qué ocurre con aquellos equipos que solo se dedican a los e-sports? En principio, no podríamos aplicarles esta normativa, porque ¿cómo va a ser un club una entidad deportiva, cuyo objeto social es practicar algo que no es deporte?

Pasemos a analizar los derechos de imagen, de grandísima importancia debido al auge de estas competiciones. Estos derechos se pueden ceder, al firmar el contrato, bien al club, para determinados momentos, entiéndase, competiciones, patrocinios, participaciones de club en actos, entre otros, bien a una empresa que organice espectáculos públicos, pero a su vez, también dichos derechos pueden ser cedidos para cualquier otro tipo de actividad que no sea deportiva. Pues bien, en el caso que lo sean al club o a una empresa que organice espectáculos públicos, a estos se les aplicará el régimen previsto en el art. 1.3 RD 1006/1985. En caso contrario, la cesión de los derechos de imagen quedará regulada por la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo sobre protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

¿Qué ocurre con la duración del contrato? Según el art. 6 RD 1006/1985, el contrato de los deportistas profesionales debe ser de duración determinada, por tiempo cierto o para realización de un determinado número de actividades, tema que también es fundamental, porque los jugadores en cuestión deben tener contrato de duración determinada, en cuanto que la vida laboral de los mismos es más corta que la habitual de otros trabajadores.

En lo referente a las obligaciones del trabajador, el art. 7 RD 1006/1985 nos dice que son obligaciones del trabajador, deportista profesional las siguientes: realizar la actividad deportiva, para la cual fue contratado, en las fechas señaladas; mantener las condiciones físicas y técnicas, de acuerdo a las reglas de juego aplicables y las instrucciones del club. Todas estas obligaciones nos encajan en esta relación laboral, ya que el jugador contratado está bajo las instrucciones del club, tiene un calendario de entrenamientos, otro de competiciones y, por supuesto, debe mantener las condiciones físicas y técnicas, para la realización de las mismas.

En lo referente a la jornada laboral, debemos estar a la prestación efectiva del servicio, ante el público, ya que las competiciones son espectáculos públicos, así como al tiempo que están bajo las órdenes del club, ya sea en entrenamientos, preparaciones o competiciones, lo que encaja perfectamente en el art. 9 RD 1006/1985. En los referente a descansos y vacaciones se tendrá en cuenta las exigencias deportivas y el calendario de las competiciones (art. 10 RD 1006/1985).

Hemos de tener en cuenta un tema muy específico que surge en los deportes: la cesión de jugadores. Dentro de las relaciones laborales del deporte, nos encontramos con cesiones directas, que se efectúan con el mero consentimiento de las partes (art. 11 RD 1006/1985). El  caso más común es el del fútbol, en el cual, para ceder un jugador, hace falta el consentimiento del jugador y de los dos clubes, el de origen y el de destino. La cesión es una circunstancia habitual dentro del mundo del deporte y también aplicable a los jugadores de e-sports, debido a que para muchos clubes puede resultar más rentable tener un jugador cedido que dentro de su propio club, bien porque por decisiones técnicas no se le tenga en cuenta, bien porque se le quiera formar en otro tipo de competición. ¿Por qué es más rentable? Porque normalmente los gastos se comparten entre los clubes, el jugador está en activo y, cuando regrese, tendrá por lo menos más experiencia, entre otras cualidades, y al final haciendo cuentas, sale más rentable tener un jugador en activo que inactivo.   Sin embargo, en las relaciones laborales comunes, la cesión directa no existe, las únicas cesiones posibles son las que se hacen, a través de empresas de trabajo temporales.

Otra de las matizaciones es el valor de la indemnización, a la hora de extinguir el contrato. En los contratos de los deportistas, la indemnización suele ser mayor a la indemnización de la relación laboral común, en cuanto no es tasada. ¿A qué se debe esto? las indemnizaciones en el mundo del deporte son tan elevadas, por varios factores: primeramente, porque se tienen en cuenta factores subjetivos, como es la calidad del jugador. Por ello, las indemnizaciones se convierten más en daños y perjuicios que otra cosa; en segundo término, muchos clubes pretenden retener a los jugadores de alguna forma; y en tercer lugar, por los derechos de formación que explicaremos a continuación.  Casi todos conocemos los derechos de formación y preparación. En el mundo del deporte, resulta habitual que un jugador se forme dentro de un club. De esta forma, cuando va otro, se deben pagar los derechos de formación regulados en el art. 14 RD 1006/1985. Esto, en el mundo de las relaciones laborales comunes, no se da.

Entonces, como podemos observar, el régimen jurídico de los deportistas profesionales se adapta a la situación de los jugadores de e-sports. Sin embargo seguimos teniendo problemas, y, la primera de ellas, tal y como dijimos al inicio los e-sports, de momento, no han sido considerados deporte. La solución, a nuestro juicio, pasa por admitir los e-sports como deporte y organizar competiciones oficiales, con todo lo que ello conlleva. En caso, contrario deberíamos crear un régimen jurídico ad hoc para este tipo de jugadores, porque si bien es cierto que la sociedad evoluciona más rápido que el Derecho, es necesario que el Derecho ofrezca respuestas a las demandas de la sociedad.

V. Juliana Caicedo Buitrago

Colaboradora Permanente en Derecho & Perspectiva.


 

Fuente | Real Decreto 1006/1985, de 26 de junio, por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales.

Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores.

Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo sobre protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

Guía Legal sobre e-sports, ONTIER https://es.ontier.net/ia/guialegalesports.pdf

Más Información  |  Roqueta Buj, R. ´´El estatuto laboral de los jugadores profesionales de videojuegos´´. Publicado en www.iusport.es  el 19 de junio de 2017.

 

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