Este verano, insultar no es delito

El presente artículo viene a realizar un análisis de la regulación jurídica de las vejaciones tras la reforma del Código Penal -efectuada mediante la LO 1/2015, de 30 de marzo. Conforme a la misma las injurias leves y las vejaciones injustas, quedan al margen del ámbito penal, por tratarse de ofensas de carácter privado cuya reparación puede exigirse en la vía jurisdiccional civil o mediante los actos de conciliación, salvo cuando se cometen sobre alguna de las personas a que se refiere el apartado 2 del artículo 173 CP.  

A un año de la entrada en vigor de la Reforma del Código Penal, el 1 de julio de 2015, este verano será el segundo en el que las injurias de carácter leve y vejaciones no tendrán consecuencias penales. Los insultos de un vecino a otro, o los del grupo de amigos que ponen verde a otro por whatsapp o facebook son un clásico de los tribunales, pero ahora no serán delitos. 

Tras dicha reforma ha quedado derogado el Libro III del Código penal referente a las faltas y sus penas, y por consiguiente ha desaparecido la falta por vejaciones injustas. 

A esta modificación semántica de la denominación de los tipos para los que el legislador reserva una pena leve, la LO 1/2015 suma otras modificaciones del sistema de responsabilidad penal asociado a dichas penas leves, alcanzando así un nuevo diseño del tratamiento típico y procesal de las antiguas faltas.

La principal consecuencia que de ello se deriva es que dentro del art. 173 CP titulado “torturas y otros delitos contra la integridad moral” se entienden como delitos leves las injurias o vejaciones injustas cuando víctima y agresor se hallen unidas por determinadas relaciones de parentesco, y quedarán despenalizadas dichas conductas en el resto de supuestos sin perjuicio de las acciones que por la vía civil pudiera corresponder. 

La intención del legislador, por tanto, es que sólo se deriven a la vía penal aquellas conductas que tengan verdadera entidad y relevancia, cuando además no existan medios alternativos para solucionar el conflicto por otras vías distintas, salvo que se dirijan a las personas referidas en el apartado 2 del artículo 173 que son las siguientes: 

  • Quien sea o haya sido cónyuge del acusado.
  • La persona que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aun sin convivencia (parejas de hecho, novios, etc.) Los descendientes (hijos), ascendientes (padres) o hermanos por naturaleza, adopción o afinidad, del acusado o del cónyuge o conviviente.
  • Los menores o incapaces que convivan con el agresor, o que se hallen sujetos a la patria potestad, tutela, curatela, acogimiento, etc.
  • La persona amparada en cualquier otra relación por la que se encuentre integrada en el núcleo de convivencia familiar. 

La pena prevista para el autor de este delito leve será la localización permanente (arresto domiciliario) de cinco a treinta días, siempre en domicilio diferente y alejado de la víctima, o trabajos en beneficio de la comunidad de cinco a treinta días, o multa de uno a cuatro meses, esta última solo en los casos que concurran las circunstancias expresadas en el art. 84.2 CP. Además, el Juez podrá acordar para el acusado la imposición de una pena de alejamiento y prohibición de comunicación con la víctima hasta seis meses de duración de acuerdo al art. 57.3 CP.

El resto de injurias o vejaciones quedarían al margen del Código Penal y, por tanto, al supuesto ofendido sólo le quedará la vía civil o el acto de conciliación al considerarse ofensas leves de carácter privado.

Antes de sufrir su despenalización, la falta de vejaciones injustas se encontraba tipificada en el art. 620.2 CP, el cual calificaba como falta “aquella amenaza, coacción, injuria o vejación injusta de carácter leve, salvo que el hecho fuese constitutivo de delito.” La conducta punitiva seguía un cauce u otro en función de la intensidad del comportamiento del acusado, la repetición de los hechos a lo largo del tiempo y la repercusión social de los mismos. 

Actualmente con la desaparición de las faltas como conductas punibles, el Juez que conozca la denuncia ya no tendrá que calificar el carácter de la vejación -en base a las pruebas y hechos-, como “leve” o “grave”, debiendo limitarse a considerar si la conducta encaja dentro de las previstas en el Título VII “De las torturas y otros delitos contra la integridad moral”. 

Tal y como se establece en la Disposición Adicional Segunda del texto de Reforma, será competente para el enjuiciamiento de estos nuevos delitos leves el Juzgado de instrucción (art. 14.1 LECr) y el Juez de Violencia sobre la mujer (art. 14.5.d LECr) si se trata de amenazas, coacciones o injurias leves o vejaciones injustas vertidas sobre persona contenida en el art. 173.2 CP.

Nos preguntamos ¿qué pasa con aquellos Juicios de Faltas iniciados antes de la entrada en vigor esta Reforma? Pues si se trata de comportamientos tipificados como delitos leves, continuarán tramitándose con la misma normativa (es decir, la actual de las faltas) (DT 4.1 LO 1/2015) y si se tratara de conductas de las que han quedado despenalizadas tras la reforma, continuará el proceso hasta Sentencia siempre que se deriven responsabilidades civiles de dichas conductas y el perjudicado no renuncie al ejercicio de las acciones civiles (DT 4.2 LO 1/2015).

A mi juicio, una de las cuestiones a considerar sería la diferente consecuencia entre la consideración de falta y de delito leve, habida cuenta de que hasta el momento, las sentencias condenatorias derivadas de juicios de faltas no generaban antecedentes penales y, en cambio, a partir del día 1 de julio de 2015, las condenas derivadas de procesos en los que se enjuicien delitos leves, sí pasarán a formar parte del Registro de antecedentes penales hasta el plazo de cancelación de los mismos. De este modo, la ley determina que generan antecedentes penales hasta seis meses después de la extinción de la pena (art. 136.1.a CP). 

No obstante, tales antecedentes no podrán ser computados a los efectos de reincidencia (art. 22,8 CP).

Otra de las consecuencias que afecta al delito leve de vejaciones es su prescripción, pues las faltas prescribían a los seis meses y en cambio ahora prescribirán en un año. 

La extinción de la responsabilidad penal se admite mediante el denominado “perdón del ofendido”, cuando se trate de delitos leves perseguibles a instancias del agraviado (art. 130.1.5.º CP). Se requiere para ello un perdón otorgado de forma expresa antes de dictarse la sentencia y oído previamente oído al ofendido del delito.  

La falta de vejación injusta abarca todas las conductas consistentes en maltratar, molestar, perseguir a otro perjudicándole o hacerle padecer, según resulta de la definición que realiza de la acción de vejar el diccionario de la Real Academia de la Lengua (AP Madrid, sec. 4ª, S 08-02-2002, núm. 53/2002, rec. 266/2001), “maltratar a una persona haciéndola sentirse humillada”, viéndose atacada su dignidad.

En cambio, las anteriores faltas pasan a denominarse delito leve de injuria o vejación injusta, estableciéndose como hemos visto anteriormente un régimen de penas y la necesidad de denuncia para su perseguibilidad conforme dispone el art. 173 CP citado. 

A mi juicio, la reforma es adecuada y se adapta a los tiempos de crisis en los que vivimos ya que según explica el preámbulo de la ley, se dedicaban muchos recursos públicos a enjuiciar cuestiones privadas o irrelevantes, por lo que era totalmente desproporcionado el despliegue. Su desaparición liberará al magistrado de instrucción, que dispondrá de más tiempo para centrarse en materias más urgentes y acelerar investigaciones prioritarias como crímenes, atracos a bancos, fraude fiscal o corrupción tan habituales por desgracia. 

 

Firmado: Marina Manzanares 
Redactora en Derecho & Perspectiva.

 


Fuentes:

– FRANCISCO SEVILLA CÁCERES, “Delito leve de vejaciones”, mundojuridico.info

– GABRIEL RODRÍGUEZ-RAMOS LADARIA  “Ley Orgánica 1/2015: De la falta al delito leve”, www.abogacía.es

– Art. 173 de Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.

 

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