HE DIMITIDO Y ME ARREPIENTO ¿ME PUEDO RETRACTAR?

A lo largo de la vida laboral los trabajadores en ocasiones deben enfrentarse a importantes disyuntivas, algunas de ellas pasan por decidir si permanecer en su puesto de trabajo o presentar su dimisión. Cuando la decisión se toma por motivos difusos o poco claros puede dar lugar un arrepentimiento posterior. Sobre este extremo se ha pronunciado el Tribunal Supremo dando lugar a un cambio en la doctrina que se estaba aplicando. En este artículo estudiaremos el criterio al respecto de la retractación en la dimisión que se aplica desde el año 2010.

Las relaciones laborales pueden finalizar por diversas causas, todas ellas recogidas en el artículo 49 del Estatuto de los Trabajadores (“ET“), de entre todas ellas en este artículo nos centraremos en la dimisión del trabajador.

El artículo 49.1 d) ET establece la posibilidad del trabajador de dimitir debiendo mediar el preaviso que señalen los convenios colectivos o la costumbre del lugar, esto significa que llegado el momento en que un trabajador opte por poner fin a la relación laboral deberá aplicar el plazo de preaviso establecido en el convenio colectivo por el que se rija su contrato de trabajo o, con carácter general, dar un preaviso de quince (15) días.

Pero, ¿qué ocurre si el trabajador se arrepiente de su decisión una vez otorgada la carta de dimisión?

De forma tradicional la doctrina del Tribunal Supremo respecto a los casos de retractación en la dimisión consideraba que una vez comunicada una dimisión dotada de eficacia inmediata esta no era susceptible de retractación posterior salvo que se probase alguna deficiencia en el consentimiento que pudiera dar lugar a la anulación del negocio jurídico de acuerdo con el artículo 1261 del Código Civil, que establece que no existe contrato sino es con consentimiento, objeto o causa.

En este sentido se pronunciaron tradicionalmente diversas sentencias como la STS de 11 de diciembre de 1990.

Si nos paramos a analizar la doctrina del Supremo nos encontramos con que se refería a las dimisiones dotadas de eficacia inmediata, es decir, no hacía alusión a la existencia de un plazo de preaviso, sin embargo, la misma doctrina se mantuvo para los casos de que la exigencia de preaviso se hubiera cumplido y la retractación hubiera tenido lugar antes del vencimiento del mismo.

El argumento era que “al ser la dimisión una voluntad de carácter receptivo dicha voluntad debía entenderse irrevocable dado que se entendía el plazo de preaviso como un mero beneficio de la empresa para poder llevar a cabo la correspondiente sustitución”. (SSTS 26 de febrero de 1990).

A pesar de que se aplicaba el mismo criterio por analogía en ambos supuestos el Tribunal Supremo nunca había entrado a valorar el caso de un posible arrepentimiento por parte del trabajador cuando existiera un plazo de preaviso previo.

Esto cambió a raíz de la Sentencia de 7 de diciembre de 2009 en la que se admitió la retractación por parte de un empresario de su decisión de despedir a un trabajador durante el plazo del preaviso.

Esta sentencia supuso que el Tribunal Supremo en otra sentencia posterior de 1 de julio de 2010 tuviera que pronunciarse sobre el caso de que un trabajador decidiera retractarse de la dimisión existiendo periodo de preaviso.

De modo que la sentencia que se pronunció al respecto estableció lo siguiente:

Aunque el supuesto no ha sido directamente tratado en unificación de doctrina, de todas formas muy recientemente se ha admitido por la Sala [Sentencia de 07/12/09- rcud 210/09 -] que el empresario se retracte del despido precisamente en el periodo de preaviso, por lo que el mismo criterio que ha sido aplicado al empresario ha de seguirse -con igual razón- en el caso de que la decisión extintiva y su posterior rectificación sean adoptadas por el trabajador, pues se trata -en ambos casos- de la misma manifestación subjetiva de idéntico fenómeno del <<desistimiento legal>> en tanto que excepción – una y otra- a la regla general de indisponibilidad del contrato por una sola de las partes.”

Sin embargo, la propia sentencia realizó una serie de precisiones necesarias dada la doctrina previa existente basada en entender la dimisión como una declaración de voluntad receptiva.

Las precisiones doctrinales sobre la retractación establecidas por el Tribunal Supremo fueron las siguientes:

-Necesaria diferenciación entre dimisión y preaviso, pues la primera es un acto extintivo y de carácter definitivo mientras que el preaviso anuncia un desistimiento unilateral del trabajador que todavía no se ha hecho eficaz, es decir, el despido no produce efectos extintivos hasta la finalización del periodo de preaviso por lo que el contrato sigue vivo y no resulta extinguido hasta la finalización del plazo y por lo tanto puede ser mantenido.

-Matización de la apreciación tradicional de que la finalidad del preaviso es exclusivamente la protección del empresario puesto que dicha protección también puede ser aplicable al trabajador en tanto que este tiene garantizada la continuidad de la relación laboral durante el periodo de preaviso.

-Utilización el principio de conservación del negocio, básico en la legislación laboral, para admitir la retractabilidad en las decisiones extintivas ya sean fruto de la voluntad del empresario como del trabajador.

-Aplicación del principio de la buena fe para apoyar la posible retractación en la decisión de dar por concluido un contrato. Sobre este punto el tribunal puntualiza que únicamente podrá aceptarse la retractación en los casos en los que el cambio de voluntad no irrogue un perjuicio para la otra parte o terceros. Esta apreciación en lo que a la dimisión se refiere se plasma en que antes de la retractación se haya procedido a la contratación de un sustituto, supuesto en el cual la inexistencia del despido como consecuencia final de la voluntad adoptada generaría un perjuicio para el tercero contratado.

Si este no fuera el caso, el Tribunal entiende que una negativa a continuar con el contrato por parte del empresario resultaría abusiva.

Por lo tanto a pesar de que el Tribunal reproduce mutatis mutanti el discurso de la sentencia de 7 de diciembre, considera que no puede aplicar dicho principio por analogía a las consideraciones sobre la buena fe en casos de retractación del despido.

En conclusión, si una persona toma la decisión de dimitir de su puesto de trabajo y lo hace anunciando la extinción del contrato tras la finalización de un plazo de preaviso podrá retractarse de dicha dimisión antes de la finalización del plazo siempre que no se haya contratado un sustituto al cual una retractación cause un perjuicio.

Por ello es importante para el trabajador valorar bien el alcance de sus decisiones ante de lanzarse a tomarlas pero también conocer sus opciones si después de todo decide no seguir adelante con la decisión adoptada.

Mercedes Rueda Gómez

Colaboradora permanente en Derecho & Perspectiva

 


Fuente |Jurisprudencia del Tribunal Supremo

Código Civil

Estatuto de los Trabajadores

 

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