La Tauromaquia – Patrimonio de España

La Tauromaquia – Patrimonio de España

El Patrimonio Histórico de España es el principal testigo de la contribución histórica de los españoles a la civilización universal. La protección y el enriquecimiento de los bienes que lo integran es una obligación fundamental que vincula a todos los poderes públicos. Los toros son una de las tradiciones españolas más conocidas en todo el mundo y al mismo tiempo la más polémica. Al margen de que seamos o no aficionados a los toros, es indiscutible que la Tauromaquia forma parte del patrimonio histórico y cultural de los españoles. Ha sido desde tiempo inmemorial fuente inspiradora del arte, tocada por artistas de distinto signo y en todas las disciplinas expresivas, desde las artes plásticas al cine y pasando por la literatura. En España desde noviembre de 2013 por primera vez en la historia de nuestro país, la tauromaquia pasa a ser regulada, fomentada y protegida.

  1. Origen e Historia

Aunque no haya a día de hoy acuerdo por unanimidad sobre los orígenes de la tauromaquia, lo cierto es que, tanto desde su génesis, como hasta su llegada a nuestros días, existen diversas circunstancias y acontecimientos que nos pueden ayudar a situarnos.

Para hablaros un poco del orIgen e historia de la fiesta de los toros, de la tauromaquia, he acudido, no a uno de los libros más importantes, sino al que ha sido definido como “la Biblia de los Toros” – expresión acuñada por el crítico taurino Antonio Díaz-Cañabate. “El Cossío”, es popularmente conocida como la enciclopedia taurina por excelencia, nacida como un proyecto ideado por José Ortega y Gasset, que encomendó al académico, José María de Cossío.

Pues bien, en “el Cossío” se dice que el “urus o uro”, ya poblaba la península ibérica desde épocas milenarias, en la prehistoria paleolítica, ya por aquel entonces surgen los ejercicios de caza al uro, un enfrentamiento entre el ser humano y el animal donde lo más importante no era  la fuerza física, sino la inteligencia, la habilidad y la destreza. De este hecho, conservamos variedad de pinturas rupestres.

La cultura grecorromana también recoge el espectáculo de las corridas de toros en sus orígenes. Conocidos son los espectáculos con uros en la antigua Roma donde eran arrojados a la arena de circos y coliseos para el enfrentamiento directo con nobles y gladiadores que demostraban así su habilidad para el combate.

Años y siglos de silencio preceden al reinado de Alfonso VI, con el que se vuelven las reseñas bibliográficas al enfrentamiento entre toro y hombre. Todas las referencias nos dirigen a que Rodrigo Díaz de Vivar más conocido como “El Cid campeador” fue de los primeros nobles en lancear toros desde su caballo como entretenimiento o entrenamiento militar. También el emperador Carlos V fue partícipe en la corrida de toros en honor del nacimiento de su hijo Felipe II en Valladolid y así hasta el día de hoy.

 2.  Dimensión Cultural

Al margen de que seamos o no aficionados a los toros, es indiscutible que la Tauromaquia forma parte del patrimonio histórico y cultural de los españoles, en el mundo entero se la ve como un emblema y una seña de identidad de la cultura española.

El contenido de la expresión “patrimonio cultural” ha cambiado bastante en las últimas décadas, debido en parte a los instrumentos elaborados por la UNESCO. El patrimonio cultural no se limita a monumentos y colecciones de objetos, sino que comprende también tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional.

Pese a su fragilidad, el patrimonio cultural inmaterial es un importante factor del mantenimiento de la diversidad cultural frente a la creciente globalización. La comprensión del patrimonio cultural inmaterial de diferentes comunidades contribuye al diálogo entre culturas y promueve el respeto hacia otros modos de vida.

La importancia del patrimonio cultural inmaterial no estriba en la manifestación cultural en sí, sino en el acervo de conocimientos y técnicas que se transmiten de generación en generación.

La tauromaquia no es solo un espectáculo público propio de una cultura o un país. El Toro y todo lo que conlleva, ha sido desde tiempo inmemorial fuente inspiradora del arte y por lo tanto de la Cultura.

La Fiesta de los Toros, el misterio del toro de lidia, siempre ha estado presente en todas las disciplinas expresivas y ha sido tocado por artistas de muy distinto signo, desde las primeras manifestaciones artísticas del hombre sobre la Tierra, con las pinturas rupestres, como en el cine, el teatro o la literatura, ya sea en su versión narrativa o poética y hasta en la música.

Quepa recordar por ejemplo a Federico García Lorca, quien no se anduvo por las ramas a la hora de opinar sobre la fiesta de los toros, sobre la que dejó por escrito que: “El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y hemos sido hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta mas culta que hay en el mundo”.

Por tanto la dimensión y carácter cultural de la Tauromaquia es indiscutible y merece ser preservado como un tesoro propio de nuestro país.

3. Dimensión Social

La sociedad es muy diversa y dentro de esa diversidad se encuentran tanto los que somos grandes aficionados a los Toros como los que ya han manifestado su preocupación por el trato que reciben los animales durante los espectáculos taurinos.

Según el filósofo francés Francis Wolff, sólo hay un argumento contra las corridas de toros y que verdaderamente no es un argumento. Se trata de la sensibilidad. La sensibilidad no es un argumento pero sin embargo es la razón más fuerte que se puede oponer contra las corridas de toros. Algunos no pueden soportar ver o incluso imaginar a un animal herido o muriendo. Este sentimiento es muy respetable pero nuevamente no es un argumento. Porque como se pregunta y así nos conduce a la reflexión, el filósofo, en uno de sus libros, “50 Razones para defender la corrida de Toros”, ¿la sensibilidad de unos puede bastar para condenar la sensibilidad de otros? ¿Permite explicar el sentido de las corridas de toros y la razón por la que son una fuente esencial de valores humanos? ¿Puede bastar para exigir su prohibición?.

A las anteriores preguntas nos suma un claro ejemplo, a mi modo de ver. Una persona que nunca ha podido soportar el espectáculo del pez atrapado en el anzuelo del pescador de caña – por cuestiones de sensibilidad, nunca se le ha pasado por la cabeza condenar por ello la pesca con caña ni tampoco tratar al pobre pescador de sádico y menos aún exigir a las autoridades públicas la prohibición de su inocente ocio, que ofrece probablemente grandes placeres a los amantes de esa actividad.

A lo anterior, siempre le sigue la siguiente respuesta que suelen ofrecer los anti-taruinos, y es que “lo que se pesca es para comer”.  Este es otro argumento que se cae por su propio peso como se suele decir, porque a pesar de las creencias populares, la carne del toro sacrificado en el ruedo es 100 % apta para consumo humano. Es más, la carne del animal que sale de la plaza tiene una calidad muy superior debido al cuidado y dedicación que tuvo en la crianza.

Por tanto una cosa es extraer las consecuencias personales de la propia sensibilidad y otra muy distinta es hacer de dicha sensibilidad un estándar absoluto y considerar sus propias convicciones como el criterio de verdad.  Ésa es la definición de la intolerancia. Cada cual es libre de convertirse al vegetarianismo, o incluso a la vida “vegana”: nadie prohíbe a nadie abrazar ese modo de vida y las creencias que lo acompañan. Pero otra cosa es querer prohibir el consumo de carne y de pescado, incluso de leche, de lana, de cuero, de miel y de “todo lo que proviene de la explotación de los animales”.

Calificar las corridas de toros como “tortura” se ha convertido en un eslogan corriente para los militantes de la causa anti-taurina. Todo detractor serio de la fiesta de los toros tendría que avergonzarse de semejante ofensa. Salvo que se acepte traicionar el significado de las palabras. Pero todo esto viene porque por desgracia en la actualidad prolifera una cierta moda oportunista, vagamente naturalista, vagamente compasiva, vagamente “victimista” y sobre todo completamente ignorante tanto de la naturaleza animal como de la realidad de las corridas de toros. Esta coyuntura suscita simpatía con cualquier causa animal de manera tan espontánea como irreflexiva y por tanto despierta la antipatía inmediata contra la fiesta de los toros.

Porque la verdad es que es cuanto menos desconcertante que miles de personas se manifiesten en contra de las corridas de toros por la “supuesta” barbarie que supone y sin embargo estén a favor del aborto.

4. Dimensión Científica

“El toro bravo es una obra perfecta de ingeniería genética”

El Profesor titular y director del departamento de Fisiología Animal de la facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Carlos Illera y su equipo, han demostrado que el Toro Bravo siente menos estrés y menos dolor durante la lidia de lo que siempre se ha creído, y eso gracias a un mecanismo especial, a una respuesta hormonal, distinta a la de cualquier animal, que los contrarresta.

Hace más de cinco años, comenzaron un estudio endocrino con más de 300 reses  en el que se descubrió que el toro de lidia presentaba una glándula adrenal, un sistema endocrino diferente, por el que liberaba una cantidad muy grande de hormonas, como puede ser el cortisol, combatiendo así el estrés y el dolor, por tanto, su respuesta es distinta  a la de otras especies de ganado vacuno.

5. Dimensión Ecológica y Económica

El toro de lidia es el perfecto “guardián de la dehesa ibérica”, pues su crianza se extiende por más de 500.000 hectáreas entre España y Portugal, y contribuye de forma extraordinaria a su conservación. La cría del toro bravo permite que subsista la dehesa como espacio natural protegido para el mantenimiento de la biodiversidad, la prevención de la desertización y la conservación de la flora y fauna autóctonas.

Pero, además, la Tauromaquia tiene una indudable transcendencia como actividad económica y empresarial.

La Tauromaquia constituye un sector económico de primera magnitud, con una incidencia tangible en ámbitos diversos y dispersos como son el empresarial, el fiscal, el agrícola-ganadero, el medioambiental, el social, el alimentario, el industrial o el turístico, entre otros.

A pesar de los ataques que recibe, la Fiesta es el segundo espectáculo de masas, en España: constituye un elemento turístico fundamental, que genera muchos millones de euros. Sería suicida desmantelar un sector económico tan importante. Y, por supuesto, resulta esencial mantener la libertad de empresa y la unidad de mercado.

El espectáculo taurino no es sino el eslabón final de un proceso en el que intervienen diversas actividades económicas y sujetos productivos, desde los activos y recursos materiales y humanos dedicados a la cría del toro de lidia en el campo, hasta los activos y recursos materiales y humanos que intervienen en el espectáculo taurino propiamente dicho.

En 2015 los festejos taurinos proporcionaron más de 45 millones de euros en concepto de IVA a la Agencia Tributaria sólo por la recaudación en las taquillas de todas las plazas de toros.

Estos datos son los resultados obtenidos de la Estadística de Asuntos Taurinos, operación estadística de periodicidad anual perteneciente al Plan Estadístico Nacional, que es desarrollada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a través de la Subdirección General de Estadística y Estudios de la Secretaría General Técnica, con la colaboración de la Unidad de Asuntos Taurinos de la Subsecretaría del Ministerio y de las unidades competentes en materia de espectáculos taurinos de las comunidades y ciudades autónomas.

Los toros subvencionan a la Administración a través de los numerosos impuestos, tasas administrativas y cotizaciones sociales que gravan al sector taurino y NO al revés, porque de los Presupuestos Generales del Estado se han destinado a la Fiesta de los toros cero euros, sin embargo el presupuesto para el cine es de casi 85 millones de euros pero la aportación del IVA taurino a las arcas del Estado es un 62,4% superior a la del cine español.

Estos ingresos fiscales benefician a todos los ciudadanos, incluidos los que quieren abolir los toros.

6. Dimensión Política y Legal

La Tauromaquia es un conjunto de actividades que se conecta directamente con el ejercicio de derechos fundamentales y libertades públicas amparados por nuestra Constitución, como son las de pensamiento y expresión, de producción y creación literaria, artística, científica y técnica. Y resulta evidente que la Tauromaquia, como actividad cultural y artística, requiere de protección y fomento por parte del Estado y las Comunidades Autónomas.

En consecuencia, corresponde al Estado ordenar y fijar las directrices y criterios globales de ordenación del sector taurino, en su doble e inseparable aspecto de patrimonio cultural de carácter nacional y de sector económico y sistema productivo propio y bien delimitado en su contenido.

Es necesario contemplar la protección y regulación de tan importante Patrimonio Cultural, Artístico, Social y Económico como una actividad de todos los poderes públicos para el servicio a los ciudadanos, por mandato de lo dispuesto en el artículo 44 de la Constitución, pues aquellos deben promover y tutelar el acceso a la Cultura, a la que todos tienen derecho, y en el artículo 46, que impone a los poderes públicos la obligación de garantizar su conservación y promover su enriquecimiento, así como el de los elementos que los integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. Por último, debe concluir esta referencia constitucional con la cita del artículo 149.2, que expresa la preocupación del legislador constituyente por la preservación y progreso de los valores culturales de la sociedad española, y que impone al Estado la obligación de considerar el servicio de la cultura como un deber y atribución esencial.

La fiesta de los Toros, difícilmente es explicable con palabras, con pinturas, en libros, en pregones, o en tratados. Lo que se siente, lo que es, sólo se entiende desde los tendidos de una Plaza de Toros.

Salomé Prego-Villaverde López

Colaboradora permanente en Derecho & Perspectiva


Bibliografía: – “Los Toros” – DE COSSÍO, Jose María.  “50 razones para defender la corrida de toros” – WOLFF, Francis.  – Constitución Española. – Ley 16/1985 de 25 de junio Ley de Patrimonio Histórico.  – Ley 18/2013 de 12 de noviembre para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural.

Salomé Prego-Villaverde López

Colaboradora Permanente en Derecho & Perspectiva

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