Mirarse al espejo dentro de una década: vida de doctorandos

Apuntes, libros, cuadernos, hojas, notas, carpetas… estos objetos son lo que se convierten en los mejores amigos de un doctorando a lo largo de su experiencia académica.

Dejando por un lado el cotidiano trabajo intelectual que cada doctorando tiene que cumplir para tratar de encontrar agarraderos en esa enorme biblitoteca que es el mundo de la investigación científica, la parte más estimulante es la que concierne la asistencia y/o participación en eventos científicos, es decir seminarios, conferencias, reuniones, etc…).

Hay muy pocas palabras que logran describir ese momento en el que tu tutor te envía el enlace de un seminario o conferencia y te dice, “Estaría muy bien que participaras”. Un momento después ya estás metida/o en la página web del lugar de celebración, informándote sobre las becas de participación, el programa, y buscando noticias sobre la ciudad, por supuesto.

Lo bonito de estos seminarios es que la mayoría de las veces se celebran en una ciudad diferente, lo malo, es que casi siempre la universidad que celebra el congreso no puede permitirse pagar este tipo de experiencia, o si puede, se trata de un reembolso total o parcial de los gastos tras algunos meses. De hecho nadie te avisa, cuando el doctorado empieza, de cuanto pueden llegar a costar las tasas de participación en actividades este tipo.

Esto ya se caracteriza por ser un  primer punto de reflexión. Siguiendo un hilo lógico, doctorando es quién, después de ser admitido en un programa de doctorado, paga anualmente una tasa para poder desarrollar e investigar sobre su tema de investigación. Con el Plan Bolonia, los doctorandos estamos obligados, a lo largo de los tres años, cumplir unas actividades de forma obligatoria, es decir un seminario sobre las recursos informáticos y un seminario metodológico el primer año, participación a Jornadas de Investigación el segundo año, y participación como ponente en reuniones científicas el tercer año. A parte de éstas, para poder presentar la tesis doctoral, es aconsejable participar en cuantos más eventos organizados por la comunidad científica, teniendo en cuenta la capacidad económica de cada uno, porque, como he dicho, pasa muchas veces que la universidad no puede permitirse los gastos que éstas conllevan.

En mi caso, en el mundo de la International and European Tax Law, por ejemplo, los centros más importantes se encuentran en Austria, Países Bajos y Bélgica. Pues, es fácil imaginphd-logoar que al enterarse de un seminario en el que valga la pena participar (previa consulta con el tutor), se pone en marcha un verdadero business planning sobre los costes, los gastos y las entradas del mes para poder permitirse los pocos días de seminario (normalmente suelen ser 3 días, como mucho).

Una vez terminado el trabajo de business planning, el paso siguiente es rellenar el formulario de aplicación y  esperar a que salga la lista de los admitidos, pagar la tasa de participación (en caso de que haya) y la estancia.

El último seminario en el que participé como ponente estuvo en Viena, en el WU Campus For Business and Economics. Los doctorandos admitidos éramos unos treinta, cada uno con un tema de investigación diferente reconducible al International Tax Law. Esta es la parte que más se aprecia normalmente en un seminario, conocer a otros investigadores es algo muy estimulante desde un punto de vista personal y profesional. Las ventajas, de hecho, son muchas. Nos encontramos con la posibilidad de debatir con personas de todo el mundo, intercambiar ideas y opiniones y sacar nuevos puntos de reflexión para el propio trabajo de investigación.

En particular, este era un seminario de tres días, los primeros dos dedicados a la exposición de distintos temas por Profesores e Investigadores del WU Campus, y el tercer día dedicado a los doctorandos y a la presentación de sus trabajos a los demás doctorandos y profesores de la universidad. Esta fue la parte más especial. Nunca había participado ni asistido a nada similar.

Pues, a los doctorandos se les pide enviar un póster con los puntos más importantes de su tesis doctoral, los posster, una vez impresos por la universidad, se difunden por todo el departamento, como si fuera una exposición cultural (en verdad sí que lo es al fin y al acabo), y cada uno de los doctorados puede curiosear los posters de los demás y consultar sobre ellos. Gracias a esto la experiencia resulta muy interactiva, diferente de los seminarios al que estamos acostumbrados, y la verdad es que queda mucho más útil.

Ahora damos un pasito atrás. El primer día, en la sesión de apertura, el Profesor coordinador del evento, Michael Lang, impartió una conferencia sobre la importancia de la investigación científica en el campo de las ciencias jurídicas como base para la evolución del Derecho en paralelo al avance de las necesidades de las personas físicas y jurídicas. Lang insistió mucho sobre la importancia del networking para los jóvenes investigadores ya que “nosotros erámos vosotros, y vosotros seréis nosotros en un futuro más cercano de lo que puede parecer”. Puede que esto sea obvio a los ojos de los demás, ajenos a la vida académica, pero cuando se empieza el doctorado, la posibilidad de ser profesor es algo que se ve muy lejana, y encima como un punto de llegada y no de salida.

De esto también se puede sacar un buen punto de reflexión si se añade que el primer día nos invitaron a un aperitivo de bienvenida y el día después a una cena con comida típica vienesa invitados por PWC y el WU Campus, a la que participaron también buena parte de los profesores y algunos exponentes de PWC. Fue fantástico cenar codo a codo con personas de tan alto nivel académico, y sentirse una parte auténtica del mundo de la investigación científica. Ahí también, el profesor Lang no perdió ocasión para hacer un breve discurso, empezó por agradecernos a todos los doctorandos por haber elegido el seminario organizado por el WU Campus, y concluyó diciendo: “Todo esto es el mínimo que podemos ofreceros en cambio de lo mucho que nos aportáis con vuestro entusiasmo y trabajo científico”.

Y la verdad es que estas palabras nos motivaron mucho a todos los doctorandos que asistimos a las jornadas de investigación, hasta que nos intercambiamos los contactos con el propósito de quedar todos juntos en la próxima cita, porque la verdad es que ahí en Viena nos hemos sentido parte de algo.

Viena nos ha acogido lo mejor que podía y, hay que decirlo también, lo consiguió todo. Ha pasado casi un mes desde mi viaje a Viena, y sigo en contacto con cada uno de mis colegas del seminario, todos pensamos lo mismo: Qué bonito sería de aquí a unos años poder comentar a nuestros alumnos algo como: mira, te dejo el contacto de estos profesores, les conocí hace años en un seminario, seguro podrán darte consejos muy útiles.”

En fin, la vida de un doctorando es una vida sacrificada y puede llegar a ser hasta muy solitaria a veces. La mesa de mi despacho lleva unas cuantas Torre di Pisa en miniatura, libros, cuadernos, apuntes, resumenes, esquemas hacinados uno encima de otro, y pasa a veces que la soledad se haga sentir muy fuerte…pero la otra cara de la moneda son los momentos de reunión como los seminarios y las conferencias, de los que se coge la fuerza necesaria para sacar adelante con el trabajo, de los que se vuelve más entusiasmados que antes, y que son la razón por la cual ser doctorandos es una suerte.

Cinzia Savarino

Doctoranda en Derecho Tributario en la Universidad Complutense de Madrid

Colaboradora Permanente en Derecho & Perspectiva


Fuentes:

  • https://www.wu.ac.at/en/

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