¿Puede un menor contratar a través de internet? El niño youtuber que se endeudó con google

Cuando me preguntan si un menor puede contratar a través de Internet, mi respuesta es clara pero a  la vez llena de matices. “Poder puede”- suelo decir-, otra cosa es que el contrato sea válido, o como veremos anulable.

Cuando digo que “puede” no quiero decir que sea completamente “ legítimo” en el sentido que algunos entendemos por “válido para todos los efectos legales” o con arreglo a derecho…. o que esté falto de todo vicio de consentimiento o que no adolezca de alguno de los defectos que hacen el contrato no sea válido (o como veremos para ser más precisos, anulable) sino que lo que quiero decir es que de facto, en la práctica el niño puede contratar por Internet porque de hecho contrata y está continuamente concertando negocios jurídicos de diversa índole tanto en el mundo real ( físico) como por Internet y a través de los dispositivos electrónicos o telemáticos que nosotros mismos les facilitamos a edades cada vez más tempranas y sin control alguno y sobre todo, sin proporcionarles educación digital al respecto. 

¿Qué quiere decir entonces eso – se preguntará el lector- de que el menor puede contratar  pero el contrato puede anularse?. Lo que quiero decir es que igual que en el día a día el menor hace compras de poca cuantía o importancia (pensemos por ejemplo comprar el pan, ir al cine…) en la práctica no es infrecuente que en el día a día y cada vez más, el menor ( y ya sabemos que el menor lo es hasta la mayoría de edad, con todo el espectro y los matices que ello conlleva, desde el niño de 8 años que apenas puede entender el concepto de transacción hasta el niño de 15 años que tiene plena conciencia de ciertos actos) realiza este tipo de actos de disposición a través de Internet. Y al igual que  sería impensable por ejemplo que para hacer este tipo de transacciones de poca importancia exigiéramos al menor algún tipo de autorización, (cosa que debería hacerse según la norma pero que en la práctica nadie hace y recordemos que también la costumbre es fuente de derecho y que el sentido común debería ser principio general del mismo) lo mismo ocurre cuando un menor contrata por Internet determinados servicios. El problema es que cada vez más el menor está realizando este tipo de transacciones o actos dispositivos: se descarga aplicaciones, música, compra libros, CD, DVD  o juegos por Internet, abre todo tipo de cuentas, se da de alta en determinadas redes sociales, compra ropa online…… Y ya no vamos a entrar en la privacidad, protección de datos y demás cuestiones problemáticas, sino que hoy vamos a centrarnos en el aspecto más puramente económico y de de derecho sustantivo y únicamente analizaremos la validez de los contratos celebrados por menores por Internet y la existencia de esos contratos, su validez y sus consecuencias legales (a los que como veremos se les siguen aplicando las más puras y tradicionales normas de Derecho Civil y en concreto los decimonónicos artículos del Código Civil).

¿Somos conscientes de los peligros y riesgos que todo ello conlleva? Puedo afirmar y afirmo que no,  que no somos conscientes (todavía). Y a la vista está que la noticia del “niño youtuber”, (el que hace pocos días teníamos noticia porque contrajo una deuda descomunal con Google) nos pilló por sorpresa y fue tan comentada y difundida en redes precisamente  por lo inusual que nos pareció. Por eso y porque parece que tomamos conciencia de que “esto de Internet, menores y responsabilidades” ( sobre todo las responsabilidades económicas, ya que la cartera es una de las vísceras más sensibles del ser humano) parece que va en serio y que mañana podíamos ser nosotros los afectados.

Pero pongamos en antecedentes al lector. Hace escasos días, saltaba la noticia ( que se hizo viral por lo anecdótica y pintoresca) de que un menor había contraído una enorme deuda de miles de euros con el gigante de Google al haber abierto una cuenta en Youtube (siguiendo a bloggers, youtubers y demás influencers adolescentes…) y haber contratado un servicio de publicidad sin percatarse de ello confundiendo el número de clics de pago con el número de visitas y seguidores ( o al menos los padres se ampararon en esta ignorancia del niño, que por otro lado es completamente comprensible e inocente). Entendimos que era una situación que podría pasarle a cualquiera. Incluso empatizamos con los padres y nos solidarizamos. “Es que el niño no tiene culpa”, pensamos. Y en partes es cierto porque por error, omisión o desconocimiento el menor no entendió los términos de uso.

Ante el reclamo de la deuda por la compañía y el abono de parte del saldo que se descontó de la cuenta, y ante el revuelo  que se formó por lo inusual de la situación y por lo estrambótico del resultado , Google decidió finalmente condonar la deuda y perdonar el error del niño. Pero, ¿por qué lo hizo? Desde mi punto de vista dos son las principales razones que a continuación examinaremos:

1.- Ni Google ( ni ningún otro prestador de servicios) tiene un sistema ( ni fiable ni seguro, ni eficaz) de control, verificación o autentificación de edad de los menores (que todo hay que decirlo, son grandes consumidores y por tanto potenciales y reales clientes digitales).

2.- El contrato celebrado por un menor es ANULABLE (no nulo, como explicaremos a continuación).

1.-Google (ni ningún otro prestador de servicios) tiene un sistema (ni fiable ni seguro, ni eficaz )de control , verificación o autentificación de edad de los menores (que todo hay que decirlo, son grandes consumidores y por tanto potenciales y reales clientes digitales).

En primer lugar, recordemos, que como hemos criticado en numerosos artículos en esta publicación, No hay ningún filtro o control de verificación de edad por parte de los prestadores de servicios que garanticen la veracidad de la edad ni de la edad mínima en que el menor puede prestar su consentimiento. Tampoco controlan  qué ocurre en el caso de que sea menor de la edad mínima permitida por la ley, o si los padres o representantes legales del menor han prestando su consentimiento. Insistimos, No hay ningún mecanismo de control fiable, seguro y eficaz que permita garantizar  la edad del menor o demostrar que el menor no ha falseado la edad.

En el caso de la aplicación “ contratada” por error o desconocimiento del niño, (Google Adwords), bastó para la aceptación de sus servicios incluir una dirección de email, un número de cuenta corriente y la URL del perfil que se quería publicitar. En ningún caso se pidió DNI, o dato alguno acreditativo de la edad (y ello a pesar de que en las condiciones de uso Google advierte que esta herramienta en concreto – Google Adwords- exige que el usuario tenga 18 años o más). 

Recordemos que el Artículo 13 de la Reglamento por el que se desarrolla la LOPD exige que para transferir datos de carácter personal el menor para prestar su consentimiento deberá tener al menos 14 años o en su caso necesitará el consentimiento de sus padres o representantes legales si es menor.

Por su parte el novísimo Reglamento Europeo de Protección de Datos, exige  en su artículo 8 que el menor tenga al menos 16 años para prestar su consentimiento (aunque permite que los Estados fijen una edad inferior siempre que no sea inferior a 13 años) y establece además que el prestador del servicio garantizará este tipo de control estableciendo sistemas de garantía fiables y previendo responsabilidades en caso de incumplimiento.

Ninguno de estos datos fueron contrastados, comprobados, filtrados o analizados.

 

2.- El contrato celebrado por un menor es ANULABLE (no nulo, como explicaremos). 

Aunque en la práctica el menor haya contratado  un producto o servicio (ya sea en el mundo real ya sea en el mundo digital) el contrato es ANULABLE. Y es importante destacar que este contrato será considerado como anulable (que no nulo) pues la distinción entre un contrato nulo y otro anulable encierra importantes matices.

Los contratos celebrados por menores o incapaces son anulables conforme al artículo 1300 y ss. del Código Civil. (Los contratos en los que concurran los requisitos del artículo 1261 – esto es consentimiento, objeto y causa-  pero que adolezcan de algún vicio, serán anulables).

Que un contrato sea anulable, quiere decir que el contrato producirá todos sus efectos, pero que adolece de un defecto o vicio que permite atacarlo mediante la llamada acción de anulabilidad y que como veremos podrá ejercitarse en el plazo de cuatro años. Así aunque el menor de 18 años hubiera realizado un contrato éste podrá ser anulable (que no nulo) y sus padres o tutores o el propio menor de edad una vez que alcance la mayoría de edad podrá durante 4 años ejercitar esta acción y dejar sin efecto el contrato, pero si no se ejercita esta acción el contrato podrá surtir todos sus efectos.

El contrato pues, era anulable, y tanto los padres como el propio menor al alcanzar la mayoría de edad podría haber ejercitado esta acción y dejado sin efecto dicho contrato. Esta es una de las razones por las que entiendo que Google ha “ perdonado” la deuda al niño. 

Las diferencias entre nulidad y anulabilidad y por tanto entre un contrato nulo y otro anulable son importantes, así en el caso de los contratos anulables, presentan las siguientes particularidades:

  • Causas de anulabilidad (mientras que el contrato es nulo cuando adolece de algunos de los requisitos del 1261 – consentimiento , objeto y causa-) en el caso de la anulabilidad, estos requisitos se dan pero adolece de un defecto que lo invalida (violencia , intimidación, error , dolo , falsedad de la causa, minoría de edad o incapacitación….).
  • Legitimación : quién puede ejercitarlo. El artículo 1301 establece que pueden ejercitar la acción de nulidad de los contratos los obligados principal o subsidiariamente en virtud de ellos. Las personas capaces , no podrán sin embargo, alegar la incapacidad de aquellos con quienes contrataron.
  • Plazos para ejercitar la acción: la acción de anulabilidad dura 4 años y empieza a contarse el plazo en este caso y de acuerdo con el artículo 1301  “ desde que el menor o incapacitado salió de la tutela”
  • En el caso de la anulabilidad cabe confirmación con efectos ex tunc , desde el momento de la celebración del contrato.
  • Por último debemos tener en cuenta la legislación foral , ya que algunas CCAA permiten a sus menores (como por ejemplo en el caso de Navarra a partir de los 14 años) celebrar contratos con plenos efectos jurídicos.

3.-Edades exigidas por GOOGLE.

Google ya informa en sus página de estas cuestiones y  en concreto en  “ restricciones de edad en cuentas Google” establece los siguientes requisitos de edad mínima para poder tener una cuenta en Google:

  1. EEUU : 13 años o más
  2. España: 14 años o más
  3. Corea del Sur: 14 años o más
  4. Países Bajos: 16 años o más
  5. Otros países: 13 años o más.

También señala que las cuentas de Google es un sistema de inicio de sesión único que permite acceder a productos como Google+, Gmail y Youtube. Las cuentas en los dominios de Apps for Education pueden tener diferentes requisitos de edad y algunos productos Google tienen requisitos de edad específicos (por ejemplo en el caso de Youtube, cuando un video de Youtube tiene una restricción de edad, aparece una pantalla de advertencia y sólo pueden verlo los usuarios que tengan 18 años o más; o en el caso de Google Wallet, AdSense, o Adwords – precisamente la herramienta que adoptó el menor de 12 años – que exigen como edad mínima 18 años o más).

4.-Conclusiones

Lo cierto es que al margen de lo pintoresco y anecdótico del caso y del revuelo que ha causado, ello ha puesto de nuevo en el punto de mira la preocupación de los padres sobre la actuación de sus hijos en Internet y las posibles consecuencias que puede llevar aparejadas. Desde Google y otros prestadores de servicios, se han intentado establecer pautas de educación a modo de Código de Buenas Prácticas familiar  en el que se anima a los menores a hablar con la familia de la seguridad en Internet, utilizar juntos la tecnologías (de manera que puedan resolver juntos los problemas de seguridad que vayan surgiendo) , comentar  los sitios y servicios de Internet (hablando con la familia de los sitios que los menores suelen visitar y sobre lo que puede ser o no apropiado), proteger las contraseñas de seguridad y configurar bien y de manera segura los ajustes de privacidad y los controles para compartir contenido, comprobar las restricciones de edad (a que nos hemos referido anteriormente antes del inicio de estar conclusiones), así como educar a los menores y animar a la familia a comunicarse en un uso responsable y seguro de las nuevas tecnologías y redes sociales. 

Al final se trata de una cuestión educacional, en la que habrá que conjugar las herramientas de seguridad que ponen a disposición los propios prestadores de servicios, con la educación familiar que debe darse a los menores. Finalmente , aunque con cautelas y usadas con prudencia, las  nuevas  aplicaciones o apps de “ control” parental podrán ser una herramienta útil que bien utilizadas permitan preservar la intimidad del menor pero reforzando la seguridad del mismo acorde con la patria potestad que deben ejercer los padres ( incluso ejercitando la llamada por algunos autores recientes “ potestad digital” de los progenitores).

Firmado: Miriam Guardiola Salmerón.
Colaboradora Permanente en Derecho & Perspectiva.

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