¿Qué es la cárcel?

Este artículo pretende un acercamiento analítico con el fin de delinear una concepción moderna del sistema carcelario, partiendo desde experiencia que tuve como estudiante de Derecho, con la intención de compartir vivencias y, de esta manera, colaborar para que el lector pueda generar una nueva y propia interpretación de la realidad penitenciaria, en el lugar del planeta donde éste se encuentre.

**Derecho Argentino

“La prisión es el único lugar en el que el poder puede manifestarse de forma desnuda, en sus dimensiones más excesivas, y justificarse como poder moral.”

Michel Foucault

Los hechos: en la primera clase de la Práctica Procesal Penal (una de las últimas asignaturas que componen el plan de estudio de Abogacía en la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina), el Dr. Favarotto pidió a sus alumnos que den una definición personal del concepto “cárcel“. Para ello, cada alumno en una hoja, y de forma anónima (esto es, sin indicarse nombre y apellido) realizó lo solicitado y entregó rápidamente la tarea al profesor.

El Dr. pasó a leer cada definición: la mayor parte de las conceptualizaciones eran propias del ámbito académico, alejadas de una visión realista de la cuestión.

Esto dejaba entrever como, a lo largo de la carrera, el estudiante de Derecho va asimilando concepciones doctrinarias que, por momentos, no encuentran asidero en el plano real, pecando de antiguas o funcionales a intereses meramente didácticos.

Mea culpa debo hacer, ya que fui uno de los tantos que entregó una definición de “cárcel” con un alto grado de afectación universitaria.

La definición fue más o menos la siguiente: cárcel es un espacio físico dispuesto por el Estado para la concreción de una pena que ha de cumplir aquel condenado por el sistema judicial penal.

Debo confesar que, además de resultar claramente imprecisa, la definición fue poco honesta, ya que realmente no es eso lo que pienso de la cárcel. Claro está, que ese día me ganó de antemano el clisé del estudiante de Derecho frente a la persona.

Además, la cárcel siempre fue motivo interés para mí, desde las visitas al penal de Batán en las primeras materias de la facultad, pasando por el análisis profundo en sociología y criminología.

Una vez transitado el estudio de la temática en los diferentes niveles que ofrece la universidad, limitar la definición del sistema penitenciario bonaerense a una simple concepción académica seria evadir la realidad misma: la cárcel es un espacio destinado a la privación, no solo del derecho a la libertad, sino también de innumerables garantías constitucionales y protecciones que emanan de instrumentos internacionales a los cuales nuestro país adhiere. 

Ahora, gracias a la Práctica Penal pude darle una nueva visión al tema.

La incógnita planteada por la cátedra fue de lo más interesante: ¿Por qué generalmente caemos en definiciones formales que nos alejan de lo que realmente observamos? Una de las posibles respuestas es la ofrecida por el autor italiano Luigi Ferrajoli, siguiendo su teoría de La Crisis de la Legalidad.

En pocas palabras, dicho doctrinario sostiene que es el mismo sistema legal imperante el que afecta nuestra concepción del mundo. Éste, impulsa un lenguaje donde se prepondera el “deber ser” normativo, como resultado de la conjunción de dos aspectos fundamentales: la formalidad y la materialidad, las cuales otorgan VALIDEZ al conjunto de normas jurídicas vigentes (FERRAJOLI, 1999).

Claramente, tales ideas contrastan con el plano real, donde se espera una respuesta positiva del sistema judicial: esto es, la EFECTIVIDAD del mismo.

Así es como se produce una Crisis legal: no coincide la expectativa social con los requisitos institucionales.

De esta manera se tiende a cumplir únicamente con las exigencias del sistema, favoreciendo la construcción de un mundo que, por momentos, resulta ajeno a las urgencias que tiene la sociedad, perdiendo todo tipo de coherencia.

El “ser” normativo dista gravemente del plano ideal.

La cárcel es el ejemplo perfecto de ello. Basta con leer el art 18 de nuestra Constitución y luego acudir a cualquier establecimiento penitenciario de nuestra provincia para encontrar infinidad de contradicciones.

A su vez, se deben analizar las cuestiones que se desprenden del sistema carcelario (y que pocas veces contemplamos, universitariamente hablando), tal como lo sostiene Wacquant: “….además de las penas llamadas intermedias, como la prisión domiciliaria o en un centro disciplinario (boot camp), la “puesta a prueba intensiva” y la vigilancia telefónica o electrónica (por medio de pulseras y otros dispositivos técnicos), la autoridad del sistema penal se amplió considerablemente gracias a la proliferación de bancos de datos criminales y a la duplicación de los medios y puntos de control a distancia que éstos permiten…” (WACQUANT, 1999).

Quiere decir, que también debe considerarse como “carcel” a todas las ramificaciones existentes, que parten desde el órgano penitenciario bajo dicha denominación, para expandirse a otras formas de control y castigo, como las “ut supra” mencionadas.

También pudimos tomar conocimiento de un dato no menor, como ya lo anunciaba el Dr. Favarotto en sus clases: el porcentaje más alto de la población carcelaria está compuesto por procesados.

Y si bien se han sucedido avances importantes, como lo demuestran fallos relativamente actuales, como ha de ser “Verbitsky” (donde la Corte reconoció al Centro de Estudios Legales y Sociales legitimación colectiva para interponer un habeas corpus correctivo y colectivo a favor de las personas detenidas en las comisarías bonaerenses y ordenó al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires que revirtiera las condiciones inhumanas de confinamiento existentes), aún queda mucho por hacer.

Y en conexión de dicho fallo, con respecto al ámbito del derecho público, recordamos las palabras de Borgarello y Centeno: “…El interés público está vinculado con el buen funcionamiento del sistema democrático, el respeto a los principios y reglas de un estado de derecho, las garantías de los derechos individuales y colectivos, la intervención del ciudadano en los asuntos del quehacer público. Por ello es que se entiende que todo acto de censura en los asuntos que revisten estas particularidades debe estar estrictamente limitado” (BORGARELLO-CENTENO, 2011).

Conclusión

A medida que las clases fueron pasando, y que los alumnos tomábamos mayor conciencia del instituto, la definición original que teníamos de la “cárcel” cambió radicalmente.

Para demostrarlo, nuevamente el titular de la cátedra pidió a los alumnos que den nuevas definiciones en hojas, de forma anónima.

Una vez realizada la tarea, el profesor procedió a la lectura de las mismas: ninguna de ellas se alejaba de la realidad. Se había abandonado el ideario doctrinario para pasar a una concepción mucho más realista del asunto.

Las definiciones habían cambiado radicalmente. Ahora sí estaban presentes en ellas: las violaciones a los derechos humanos, las condiciones infrahumanas que vivencia día a día aquel que se encuentran en prisión, la alta tasa de procesados (frente a la de condenados), entre otras cosas.

Como conclusión, queda en evidencia la necesidad de que el estudiante de derecho tome contacto con los aspectos cruciales de su futura profesión, para dimensionar correctamente aquellas cuestiones que, dentro del claustro estudiantil, no pueden apreciarse con claridad.

Es necesario que, materias relativas a la Práctica (como ha de ser la Práctica Procesal Penal) impulsen a los estudiantes al encuentro con la realidad, para tomar conocimiento de lo que será su rol como abogados.

Agradezco a los docentes de la comisión por compartir sus enseñanzas y experiencias, y recordarnos el valor que tiene el mundo por fuera del ámbito académico.

¿Existe la universidad de la calle? Claro que existe, y está más cerca de lo que pensamos.

Es cuestión de tomar coraje… y dar el gran paso.

Marco Yago Muñoz Rossi

Colaborador en Derecho & Perspectiva


Fuentes:

  • BORGARELLO, Esther Susana – CENTENO, Carlos, “El derecho a la información: La Corte Interamericana de Derechos Humanos -CIDDHH- y las obligaciones que nacen de los Estados Parte”, Ed. Cent. Estud. Univ. Nac. Córdoba, 2011.
  • FERRAJOLI, Luigi, “Derecho y Garantías: la ley del más débil”, Ed. Trotta, 1999.
  • FOUCAULT, Michel. “Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones”, Ed. Alianza, 2001.
  • WACQUANT, Loïc, “Las cárceles de la miseria” (Les prisons de la misére), Ed. D´Agir, 1999.

Marco Yago Muñoz Rossi

Colaborador en Derecho & Perspectiva

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *