Sexting: aproximación a la realidad legal y social

¿Qué es el sexting? El sexting no es otra cosa que la difusión o publicación de contenidos (principalmente fotografías o vídeos) de tipo sexual, producidos por el propio remitente, utilizando para ello el teléfono móvil u otro dispositivo tecnológico. 

Esta práctica, por la propia forma que tiene de realizarse, es muy reciente, ya que comienza con los SMS e Emails y se acentúa y adquiere una mayor relevancia con la aparición de la mensajería instantánea como el Whastapp. El propio hecho de realizar sexting no tiene una relevancia penal, puesto que cada uno puede disponer de su propia imagen y compartirla. La relevancia penal aparece cuando estas imágenes compartidas de forma consentida con una o varias personas son compartidas, reenviadas, o colgadas en un medio de acceso público por el receptor de las mismas.

El objetivo de este artículo es realizar un acercamiento a la tipificación, jurisprudencia y realidad social de esta práctica, que se ha convertido en algo común entre adolescentes y jóvenes. 

En el Código Penal (en adelante CP) anterior al 2015 no existía un tipo específico para castigar el compartir imágenes que habían sido recibidas con consentimiento de la persona que aparece en ellas, ya que en el artículo 197 del mismo se hacía continua referencia al acceder a imágenes o archivos sin consentimiento. 

Sin embargo, con la reforma de este Código, con gran acierto por parte del legislador, se adecua este artículo a la realidad social y las nuevas prácticas, así establece el punto XIII del Preámbulo de la Ley Orgánica 1/2015: 

“Se modifican los delitos relativos a la intromisión en la intimidad de los ciudadanos, con el fin de solucionar los problemas de falta de tipicidad de algunas conductas. El vigente artículo 197 contempla como delito, por un lado, el apoderamiento de cartas, papeles, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos de naturaleza personal de la víctima y, por otro lado, la interceptación de cualquier tipo de comunicación de la víctima, sea cual fuere la naturaleza y la vía de dicha comunicación interceptada. Ambas conductas exigen la falta de consentimiento de la víctima.

Los supuestos a los que ahora se ofrece respuesta son aquellos otros en los que las imágenes o grabaciones de otra persona se obtienen con su consentimiento, pero son luego divulgados contra su voluntad, cuando la imagen o grabación se haya producido en un ámbito personal y su difusión, sin el consentimiento de la persona afectada, lesione gravemente su intimidad.”

La consecuencia que ya se adelanta en el preámbulo supone que la nueva redacción del artículo 197.7 CP es la siguiente: 

“7. Será castigado con una pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a doce meses el que, sin autorización de la persona afectada, difunda, revele o ceda a terceros imágenes o grabaciones audiovisuales de aquélla que hubiera obtenido con su anuencia en un domicilio o en cualquier otro lugar fuera del alcance de la mirada de terceros, cuando la divulgación menoscabe gravemente la intimidad personal de esa persona.

La pena se impondrá en su mitad superior cuando los hechos hubieran sido cometidos por el cónyuge o por persona que esté o haya estado unida a él por análoga relación de afectividad, aun sin convivencia, la víctima fuera menor de edad o una persona con discapacidad necesitada de especial protección, o los hechos se hubieran cometido con una finalidad lucrativa”.

 

Al analizar la relevancia de este hecho, el compartir imágenes de contenido sexual sin consentimiento, hay que diferenciar dos situaciones: si la persona que aparece en esas imágenes es menor de edad y si la persona es mayor de edad. 

En el primero de los supuestos estaríamos ante un hecho más grave, y por ello el párrafo segundo del citado artículo establece que la pena se impondrá en su mitad superior. En este caso entre en juego la mayor protección que se da en nuestro ordenamiento a los menores de edad, y el perjuicio que puede tener la difusión de imágenes de este carácter en su desarrollo sexual. 

En el supuesto de que la persona que aparece en las imágenes sea mayor de edad, la pena sólo se impondrá en su mitad superior si fuera compartida por el cónyuge o persona unida a él por análoga relación. En el resto de los supuestos estaríamos ante un daño a la intimidad de la persona sin que haya agravación de la pena. 

Antes de entrar en vigor la reforma ya mencionada este tipo de casos eran considerados como delitos contra la integridad moral, sin incluirse un delito contra la intimidad puesto que se habían compartido las imágenes con consentimiento (SAP de Lleida de 25 de febrero de 2004). Existían, sin embargo, excepciones a este criterio entre las que cabe citar la sentencia de la AP de Almería de 2 de noviembre de 2005, en la cual se considera que hay un delito contra la intimidad ya que se habla de un consentimiento no extensivo (es decir, se da consentimiento para recibir la foto para uso privado, pero no para compartir la misma en ningún caso), y la expectativa de intimidad (que supone que la persona que comparte la foto lo hace pensando en que la misma sólo va a ser vista por la persona que la recibe). 

Como vemos el cambio en el CP responde a algo ya anunciado por las Audiencias Provinciales, por existir una realidad social que pedía que se tipificaran este tipo de delitos, puesto que no es lo mismo compartir un vídeo o fotografía con una persona que darle consentimiento para publicar o compartir la misma. 

Una vez se ha realizado este necesario cambio en la legislación de nuestro país cabe destacar que es necesario también un cambio social. El sexting es una práctica inocua en sí misma, que sólo conlleva problemas cuando la persona que recibe el archivo la comparte, sin embargo, a día de hoy existen multitud de guías o consejos para evitar el sexting (sobre todo en los adolescentes). A mi parecer es una forma equivocada de enfrentar el problema, sobre todo entre adolescentes y personas jóvenes. En la “Guía sobre adolescencia y sexting: qué es y cómo prevenirlo” se establecen como algunas de las causas del sexting entre adolescentes la “falta de cultura de la privacidad” y la “menor consciencia de los riesgos y exceso de confianza”. Pues bien, en cuanto a la segunda considero que la forma adecuada de concienciar sobre esta práctica y su peligrosidad es, como bien indican, presentar los riesgos que puede tener. 

Sin embargo, con respecto a los demás puntos que se señalan en esta guía bajo mi entender se está poniendo la culpa del posible delito en la víctima del mismo, haciendo mayor hincapié en el hecho de que no deben compartirse fotografías o vídeos privados ya que existe un riesgo de que sean difundidos. Esta forma de aproximarse al problema establece unos límites reglados e impuestos desde fuera a la intimidad de cada persona, límites que han de ser impuestos para cada una según lo convenido por sí misma. 

Además, en esta y muchas otras guías o consejos sobre sexting no se realiza la aproximación que a mi parecer es más correcta, que es dirigirse hacia la persona que recibe las fotografías, ya que, igual que anteriormente he dicho que la intimidad de cada ha de ser fijada por esa persona en concreto, los límites de intimidad de las demás personas han de ser respetados siempre y sin ningún tipo de excepción. Este debe ser el mensaje que inculquemos, no sólo a adolescentes y jóvenes, si no a cualquier persona que vaya a realizar sexting, ya que el problema no está en la persona que comparte una fotografía o vídeo de carácter sexual, si no en el receptor de la misma que la comparte o publica, bien por creerse en su derecho a hacerlo (lo cual sin tener consentimiento NUNCA es cierto), bien para utilizarla como chantaje o venganza (lo cual debe ser castigado duramente, no sólo legalmente sino también socialmente). 

 

Firmado: Alicia García.
Colaboradora en Derecho & Perspectiva.

 


Fuentes:

– “Guía sobre adolescencia y sexting: qué es y cómo prevenirlo” www.incebe.es

– Código penal.

– El Derecho. 

 

Imagen:

– Nekomcevil. 

 

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